Hoy inicia el período vacacional para muchos de nosotros, trabajadores al servicio del Gobierno en sus diferentes niveles. El descanso, si no merecido, al menos sí es necesario, pues llega el momento en que la rutina semanal se transforma en una carga de emociones y tensiones insoportables, lo que dificulta las relaciones personales con el público que atendemos. De verdad, el descanso es necesario para las personas que trabajamos con gente.
Sin embargo, este descanso obligado nos da la oportunidad de reflexionar acerca de nuestro actuar en el servicio al público, ver qué hacemos bien y podemos mejorar, qué hacemos mal y podemos evitar hacer. En mi caso, tengo una enorme cantidad de áreas de oportunidad que trabajar, que no me da tristeza alguna, sino la alegría de haberlo notado, la ventaja de poder hacer algo.
También da la oportunidad de ver alrededor y notar el dolor que prevalece en la vida social de nuestro entorno. Chihuahua, México, cada ciudad, cada casa, cada persona. El drama se vive a diario. Sin embargo, aunque la vida pende de un hilo, es necesario sobreponerse al miedo, que es el inicio de la actuación violenta.
Oremos, pues, y actuemos, con paz interior, buscando contagiar a otros con nuestra mansedumbre. Pax Vobiscum.
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